El precio de las concesiones

Ahora que comienza la desescalada, hay un montón de gente que sabe muchísimo de todo, de esto también, y te cuenta cómo va a cambiar todo a partir de ahora. Cuando digo «todo» me refiero a todas-las-aplicaciones-de-este-sistema-operativo en el que estamos viviendo ahora. Recuerda que antes teníamos la versión V1 y ahora un virus nos ha actualizado a la versión V2: son aplicaciones tales como sanidad, justicia, educación, política, comercio, relaciones interpersonales… Oye, que hay quien sabe de todo… y tanto… a mí la verdad que me dan un poco de envidia (esa seguridad con la que dicen las cosas) porque lo cierto es que yo no he pasado de preguntarme por qué a esos 2 metros entre humanos y a la individualidad reinante se le llama «distancia social»… ¿no debería llamarse mejor «distancia asocial»? Pero bueno… ahí me he quedado.

En cambio, sí puedo decir con conocimiento de causa que ahora vamos a pagar un precio muy alto en este nuevo escenario: el precio por haber hecho «de tripas corazón»… «por la paz un avemaría»… aceptar el «bueno, esto ya para curso que viene»… o mejor el «sí, pero es que nosotros… diferente»…. «sí, pero nosotros ya… diferente»… «sí pero es que …» y uno por otro la casa sin barrer.

Quien no quiera ver que la educación ahora va a ser vehicularizada a través de la tecnología es o un idiota o un mentiroso. O ambas cosas a la vez. O en cualquier caso, se trata de alguien que o bien no tiene visión mínima para trabajar en educación o bien se aferra tanto (egoísmo de manual) a su rutina, a su zona de comfort que va contra la profesión, contra el alumno, contra la empresa que le pague.

Quien no vea claro ahora que o se pone las pilas de forma express en el conocimiento tanto conceptual como procedimental de la tecnología o mejor que se aparte y desaparezca, no merece la pena. Estamos viendo cada día cómo para cualquier proceso vital (comprar, pedir cita médica, acceder al ocio, etc etc etc) es IMPRESCINDIBLE hacerlo a través de medios informáticos. Y hemos concedido demasiadas prórrogas a un grupo importante de docentes y personas de administración y servicios de los colegios, que ahora se vuelven en nuestra contra. Más que nunca cada colegio debe ser un bloque, un equipo, y recordemos que una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil.

No escribo esto enfadado. Ni resignado. Ni aburrido. Lo escribo para dejarlo claro: había unos mínimos de destrezas informáticas a los que había que llegar y como «por la caridad entra la peste» ahora este virus nos ha traído además esa peste. La inmensísima mayoría de quien no puede afrontar ahora los retos tecnológicos del mundo docente son personas que se han acomodado PORQUE LES HA DADO LA GANA.  Y el precio que vamos a pagar todos ahora es…. caro. En algunos caros tan caro como que se llegará a traducir en pérdidas de alumnado, pérdidas de aulas, despidos, y cierres de colegios.

¿Cómo se puede tener un actitud así de inmovilista, en un mundo que se desplaza (rotación y traslación) cada día?

 

This text is also available in: ENG