Esclavos de nuestro propio discurso

El mes pasado le regalé a mi aita un libro que habla sobre los últimos coletazos de la esclavitud en nuestra historia (no hace tanto, menos de lo que imaginas). El libro es MONGO BLANCO y aunque aún no me lo he leído (ya me lo dejará, espero) la crítica habla muy bien de él. Es la historia del Steve Jobs del esclavismo, un genio de esa barbaridad, un revolucionario, un innovador… un desgraciao en toda regla, vamos. Se llamaba Pedro Blanco y MONGO es como llamaban los autóctonos de la zona a quienes se dedicaban a tan despreciable labor.

Hago referencia a esto por dos conceptos, bueno casi tres:

  • el esclavismo, la esclavitud, el hecho de estar subyugado a alguien o a algo contra tu propia voluntad.
  • la proximidad en el tiempo. En España, la esclavitud se abolió hace apenas 130 años. Un suspiro.
  • la palabra «mongo». Me viene bien para esta reflexión.

Sigo. Hago referencia a esto porque aún hoy (proximidad en el tiempo) más concretamente aún ayer… veo esclavos. Sí, ya sé que puedes decirme que todos somos esclavos de algo: de la hipoteca, del consumismo… vale, pero no me entra en la cabeza que alguien se ate a un discurso inmovilista (teniendo en cuenta que el planeta gira cada día, es decir, se mueve, evoluciona) y así, gratuitamente, uno se convierta en ESCLAVO DE SU PROPIO DISCURSO.

Veo personas que han tomado una estupida y gratuita actitud de rechazo a la tecnología en su puesto de trabajo que me da mucha pena… un poco de rabia y ninguna risa. Les hablas de utilizar la tecnología para optimizar un proceso en su día a día y les sale automático el gesto de rechazo con las manos, la expresión negativa en la cara, la frase de «ya, pero yo no…. » «sí, pero a mí no…»,  «en mi aula nunca….» y no avanzan. No avanzan. Y la sociedad (sus clientes, los niños, las familias) lo necesitan. Y ellos no se lo están dando. Me refiero a la dimensión tecnológica elemental (conceptual y procedimental, es decir, conocimiento y destrezas) necesaria para sobrevivir en esta época (estamos ya en 2020).

Si has leído con atención, estarás echando un falta la referencia al tercer concepto que enumeraba tres párrafos más arriba. Efectivamente, los nativos que caían en las redes del tráfico de humanos usaban la palabra de origen africano MONGO para identificar a los esclavistas…. y ni hecho adrede. Es un buen término para identificar a quien se auto-esclaviza ¿no te parece?

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