Síndrome de Estocolmo

De Microsoft a Apple, de Apple a Google… y tiro por que me toca. Más de lo mismo. Cuando un proveedor de servicio se hace fuerte en tu realidad profesional, impone de tal modo sus condiciones bajo el «lo tomas o lo dejas» que uno se siente afectado por el síndrome de Estocolmo.

Allá por los 90 y principios del 2000 en los colegios todo era Microsoft, sólo Microsoft, nada más que Microsoft… y nadie había pagado ni el 30% de lo que tenía. Recuerdo incluso aquella nebulosa de amenaza que reinaba en el ambiente… «algun día vendrá un inspector y ya verás… y bla bla bla…» Ná… ná de ná… algún caso puntual, anecdótico, tan real creo yo como la anécdota de Ricky Martin, la niña el perro y la tostada con mermelada… Pocos años después apareció Apple en los coles, con sus iPads… y aquí sí o sí ya sabíamos que estábamos en una jaula de oro, bien pagada, y a la vez felices de estar bajo los límites de iOS… un mundo feliz que díria Huxley ¿no?

Y más tarde fue Google el que entró fuerte con los Chromebooks y las licencias… y paradójicamente, parecía el libertador del momento, el de la alegría de vivir, el de la libertad… y sí, que no digo que no… pero ahora que nos tiene cogidos por el cuello porque no sólo los colegios, sino que el planeta se está googleizando… pues aprieta un poquito más y sube las licencias para los Chromebooks unos pocos dólares… unos pocos, sí, pero que van a hacer un daño que alucinas a los colegios tal y como está el patio hoy por hoy.

Uno, que siempre ha ido acorde a los tiempos que le toca vivir, y con la vista un pelín palante, fue de Microsoft, de Apple (aún conservo un ipad mini de aquella época, gran máquina) de Google…. y aún recuerdo a los proveedores indignados porque compraba Chromebooks, pero no licencias… hablo de 2014, 2015, 2016, 2017, 2018… por ejemplo…. y aunque en los últimos tiempos he caído, sigo sin ver la necesidad extrema de comprar licencias. Estamos repitiendo el esquema conceptual del directorio activo de Microsoft, y podríamos prescindir de ello para llegar a prácticamente lo mismo.

Puedo prometer y prometo que voy a hacer lo posible para no comprar licencias de Google. A ver si lo consigo. Y ójala lo hiciéramos todos los coles del mundo mundial. Soñar es gratis. Las licencias de Google, no. Y además, suben de precio oiga. Hay que ver cómo está el servicio.

 

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