Sonríe, que sales en la tele

… y llegó el gran día. Qué desastre. Qué panda de borregos somos. Hoy es el día en el que, OFICIALMENTE, LEGALMENTE, IMPUNEMENTE nuestro gobierno, a través del Instituto Nacional de Estadística va a utilizar nuestros datos PERSONALES para analizar… lo que les dé la gana decir, lo que quieran contarnos… porque el hecho objetivo es que va a disponer de los datos que generan nuestros teléfonos móviles. ¿Y cómo? Pues a través de las operadores que ofrecen sus servicios en nuestro país: Movistar, Vodafone, Orange… ¿Te suenan? Pues esas son.

Pero lo peor de todo no es el hecho en sí mismo, qué va… lo peor es que la reacción de la inmensa mayoría de las personas afectadas es «bueno, me da igual, no tengo nada que esconder»… Sí, sí… está pasando… no somos más tontos porque no entrenamos, que si no…

Es el primer paso hacia la suma del Gran Hermano del libro de Orwell, 1984, y al mundo feliz de Huxley… y nos da igual… atrás quedaron los tiempos en los que alguien se negaba a aceptar la tarjeta de fidelización de un comercio (por ejemplo, la Travel Club) para que no tuvieran sus datos… en los que alguien dijo que era una imprudencia que existiesen las páginas amarillas, con nombre, dos apellidos y dirección postal y número de teléfonos de todos los ciudadanos con línea telefónica de un país… en los que se iban cambiando los timbres de los portales porque ponía el nombre y dos apellidos de los vecinos…. (¿por cierto… y los buzones?… en fin…) Ah, la LOPD, la GPRD, el sentido común…

Pues nada, que no hay plan B. Hoy en día accedemos al móvil 7 días por semana, apenas unos minutos después de abrir los ojos (o menos), lo llevamos encima todo el santo día (excepto si estamos en el agua… aunque bueno, el que nade con un reloj de contar las brazadas y biorritmos y esas cosas… pues eso)… y dormimos junto a él. Junto al móvil, que sabe hasta si tenemos el sueño profundo. Y desde hoy, por el artículo 33 (esto es un giro lingüístico, desconozco el artículo 33, es una expresión castiza) todo lo que recoge y registra nuestro móvil empieza a danzar por ahí, quién sabe en manos de quién y para qué. Para poco o nada bueno, seguro. Comienza una nueva temporada de Gran Hermano, pero en esta ocasión no es el programa de Mercedes Milá, Jorge Javier y compañía.

¿Libertad? ¿Privacidad? Se acabó lo que se daba. Game over.

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